El ahorcado.
Julio 07, 2026
Esta obra de 1991 captura la crudeza existencialista propia de un joven que buscaba respuestas a través de la materia pictórica. Lejos de la complacencia visual, preferí indagar en la vulnerabilidad humana, utilizando el lienzo como un campo de batalla donde el color y la textura arañaban la superficie de la realidad.
Se trata de un óleo de mi primera exposición individual en la Casa de la Juventud de Córdoba, mirarlo es como ver una radiografía de mis primeras obsesiones plásticas. La fuerza matérica y la vibración del color demuestran que ya entonces había una búsqueda formal muy seria y sin miedo al error.
Esta obra se sitúa con fuerza en el diálogo entre la figuración y la abstracción, una corriente que a finales de los 80 y principios de los 90 bebía directamente del Neoexpresionismo y de la Transvanguardia. La pieza destaca por su valentía gestual y una profunda intuición sobre el espacio y el color.
El cuadro está dominado por una figura antropomorfa, suspendida en el eje central. El título del ahorcado cobra sentido a través de la lasitud y la gravedad que transmite el cuerpo: la cabeza se inclina desdibujada, mientras que la zona del cuello, envuelta en bandas concéntricas de tonos claros, se convierte en el punto de máxima tensión estructural y psicológica.
El tratamiento de la materia, la aplicación del óleo a base de empastes deliberados y el uso del grattage o rascado, para crear una superficie táctil, casi geológica, en la que el fondo parece aprisionar o envolver a la figura, fusionando el sujeto con su entorno a través de pinceladas nerviosas y cargadas de intención, dan muestra de una madurez temprana que en su día me valieron los elogios del crítico cordobés José Salguero Carrera.
El uso del bloque magenta/rosa vibrante en la parte inferior rompe drásticamente con la sobriedad del fondo de colores verdes terrosos, ocres y azules profundos, que generan una atmósfera nocturna, íntima y claustrofóbica. Funciona como un cadalso conceptual, atrayendo la mirada del espectador hacia la base del drama. Las líneas verticales y horizontales aportan un ritmo casi textil o arquitectónico que da estabilidad a la composición.
Juan Manuel Gutiérrez Gallardo.
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El ahorcado. Óleo fabricado a mano de modo artesanal. 146x114 cm. |
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Comencé el cuadro del ahorcado durante una calurosa noche de insomnio del verano cordobés.
No se trata exactamente de la idea romántica del pintor peleando contra el calor y contra los propios fantasmas en una Córdoba que parece detenerse en el tiempo. El tablero de ocume llevaba ya unos días pegado a un bastidor y encolado al modo tradicional, con cola de conejo y blanco de España, pero sin la capa de goma laca aislante.
Ante la situación de no poder dormir, empapado de sudor, nada de fantasmas propios ni ajenos, que pugnan por salir en una especie de catarsis pictórica. Se trataba simplemente de mi costumbre de no perder el tiempo, ¿Qué iba a hacer a esas horas? ¿Qué harías tú?, en mi caso como ya tenía preconcebida la idea en mi mente, pues no suelo realizar bocetos, tomé el carboncillo y tracé las líneas básicas para la composición, la imagen estaba en mi mente, una persona más, que había decidió quitarse la vida, había tomado una cuerda, la había fijado a una viga de madera y a su cuello y en un rincón oscuro de su cochera, en medio de la noche, se había subido en la parte delantera de su tractor y había saltado al vacío de lo eterno, en la que sería su última decisión. El cuerpo queda balanceándose en la oscuridad de la noche, irreconocible en el movimiento de vaivén.
Aunque acababa de terminar mis estudios de Bellas artes en la especialidad de pintura. tengo que decirte que conocía el comportamiento que iban a tener los materiales, tanto del tipo de preparación del cuadro, como el del óleo fabricado a mano por mí mismo, de modo que a las capas del fondo les di un poco menos de contenido oleoso y les añadí más cantidad de trementina, para que quedasen más mates. el contenido de aceite de linaza crudo lo fui aumentando según llegaba a los primeros términos.
Es totalmente necesario tener en cuenta que el cuadro no se pintó durante una noche. Esta es una aclaración fundamental para entender su factura. El insomnio del verano cordobés fue solamente el comienzo —el momento en que la imagen mental fue trasladada mediante el carboncillo al ocume preparado—, pero la ejecución final fue un proceso meditado de sesiones sucesivas. Respetar los tiempos de secado del óleo artesanal requiere paciencia y método; el dramatismo de la escena se construyó capa a capa, con la cabeza fría y el pulso firme, a pesar del sudor y del calor.
Declinar el uso de bocetos, para confiar el peso de la obra a una sólida imagen mental y a una ejecución técnica impecable, no es un capricho es cuestión de conseguir el máximo de expresividad. Mediante la aplicación estricta de la máxima 'graso sobre magro' con óleo de fabricación propia, la obra contrapone la planitud mate del fondo con la riqueza matérica del primer término, demostrando que el drama existencial se sostiene, ante todo, sobre la ciencia de la pintura.